El embarazo y el sexo

El embarazo y el sexo

El embarazo constituye un acontecimiento fundamental en la vida de una pareja. Durante este período se modifican algunos de los roles, existen cambios emocionales y físicos, que sin lugar a dudas, repercuten en la actividad sexual.

Si bien, desde el punto de vista médico no se debe restringir la actividad sexual en el embarazo normal, sí debemos tener en cuenta que esta actividad sexual se verá modificada en el transcurso de la gravidez.
La mayoría de los trabajos muestran que los cambios fisiológicos, anatómicos y emocionales en general determinan un decremento de la actividad sexual (tanto en la frecuencia del coito, el deseo, la satisfacción sexual y el orgasmo). 

Cada trimestre del embarazo tiene determinadas características fisiológicas y anatómicas y de éstas depende, de algún modo, la respuesta sexual. Así vemos, que durante el primer trimestre, un porcentaje de las gestantes tendrá una pérdida del interés sexual debido a las alteraciones digestivas (náuseas, vómitos, constipación) y urinarias como poliaquiuria (micciones frecuentes) y tenesmo vesical (dificultad para orinar). Sin embargo algunas mujeres veran incrementado su interés sexual como consecuencia de una  mayor secreción vaginal y una mayor sensualidad dada por la ingurgitación mamaria. Durante el segundo trimestre la respuesta sexual es también variable. Algunas mujeres pierden el interés sexual debido a la distorsión negativa de su imagen corporal, se sienten gordas y poco atractivas. Otras alcanzan una respuesta sexual sumamente satisfactoria ya que se sienten “bien” físicamente (no están presentes las alteraciones digestivas del primer trimestre) y existe una mayor congestión pelviana y genital que favorece el orgasmo. Para la mayoría de las gestantes los cambios anatómicos presentes en el tercer trimestre actúan en forma negativa sobre la actividad sexual, que disminuye notoriamente en esta etapa. 

Los cambios registrados en la actividad sexual de la pareja no dependen exclusivamente de las modificaciones sufridas por la gestante, la actitud del compañero también participa en estos cambios. El compañero masculino muchas veces pierde el atractivo hacia su compañera a medida que el embarazo avanza  y se distorsiona la imagen corporal y no es infrecuente que por “ temor a dañar al feto” evite las relaciones sexuales. Se puede mejorar la actividad sexual si se logra una comunicación franca donde cada integrante de la pareja exponga sus miedos y sus mitos. Hombre y mujer deben tener presente que la actividad sexual puede modificarse con la gravidez, pero de ningún modo está proscrita, salvo en situaciones especiales de riesgo obstétrico (por ejemplo: amenaza de aborto, amenaza de parto de pretérmino, incompetencia cérvico-ístmica, placenta previa, retardo del crecimiento intrauterino, etc).

El puerperio (período que sigue al parto) exige nuevas adaptaciones a la vida de pareja que incluyen la actividad sexual. Aparecen nuevos temores por la presencia del recién nacido, se pierde la intimidad, el cansancio en ambos integrantes del apareja es la regla. Por el riesgo de infección se prohíben las relaciones sexuales durante las primeras seis semanas (período popularmente conocido como cuarentena). Por lo general, las parejas retoman su actividad sexual entre las ocho semanas y las doce semanas  después del parto. El retraso en el retorno en la actividad sexual tiene muchas causas: el cansancio, la mastalgia (dolor mamario), la secreción láctea que incomoda a muchas parejas, la dispareunia (dolor durante las relaciones sexuales) producida ya sea por la vagina con bajo nivel de estrógenos o por la episiorrafia (así se denomina la sutura de la episitomía). Es destacable que es menor el dolor perineal en pacientes con periné intacto (sin desgarros ni episiotomía). También contribuyen la pérdida del deseo sexual en ambos integrantes de la pareja, en la mujer por la hiperprolactinemia (aumento de la hormona prolactina en sangre que estimula la secreción de leche), en el varón por temor a causar dolor o infección y por la pérdida de privacidad). Al igual que en el embarazo, la comunicación entre ambos integrantes de la pareja,  permite un retorno más precoz a la actividad sexual registrada antes de la gravidez.

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